Despedida

Antes de que empieces a escucharme, perdóname, ya sé que no soy la mujer a la que van destinadas tus caricias, ni el sudor de tus manos, ni el calor de tus mejillas.
Ya sé que nunca seré quien amanezca contigo empapada en tu aroma, ni compartiré la toalla mojada de la ducha de las mañanas, que no morderé jamás tus labios, ni rechinaré mis dientes con los tuyos por error, que no acariciaré de ternura tu rostro excepto con mi mirada, ni llenaré de saliva mi boca para que tu lengua no se sienta una extraña…
Ya dejaste claro, que mi paleta no tenía las tonalidades para convertir tus grises en los colores necesarios para ilusionarte, que mis trazos siempre serán torpes en el lienzo de tus sentimientos y que nunca podrán llegar a adornarte como deseas.
Ya abandoné la idea de sumar diez con nuestras manos, que donde erizo mi piel apenas percibes un roce dibujado de amistad, que mis ganas de comer en tus boca es una sonrisa inocente para ti, que mientras te desnudo con mis ojos piensas en otras cosas y que con el brillo de tu mirada no fabricas mi ilusión sino la realidad.
Tendré que aceptar que mi arco iris no tiene más de dos colores, el blanco de mi vacío y el negro de nuestro futuro, que apenas hay grises que puedan calmar mi sed y lo peor, no tienes intención de maquillarlos.
Deberé entender que a pesar de que anhelo el instante de saber de ti, soy la única a la que le sucede, y que mi sensación de soledad no es ficticia sino real, y que con ella debo de interpretarte.
Pero antes de cerrar la puerta, déjame que te bese por primera y última vez, que notes el verdadero amor llamando a tus labios, que no imagines sino sientas como podría haber sido y que tu recuerdo sea este instante…
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